Ese niño, ese niño tenía una sonrisa demasiado especial, de esas de las que sabes que tienen una historia que no quiere ser contada, quizás por miedo de que esa sonrisa mengüe poco a poco semejando una frágil y delicada servilleta de papel cuando arde.
En su cara siempre llevaba dibujada esa sonrisa, más perfecta que la de la mismísima Gioconda de Da Vinci.
Su sonrisa, su sonrisa no era una sonrisa, era LA sonrisa, algo inherente de esa cara marcada de inocencia infantil. Todos sabemos que las sonrisas no son parmanentes, pero aquella, aquella juro por lo que sea que lo era, aunque paradójicamente no fue para siempre así.
Uno no tiene la molestia de pararse a pensar en temas abstractos
Empezó a olvidarse de sonreir, esa sonrisa invencible empezaba a parpadear como las luces del rótulo del típico hostal de carretera perdido en la oscuridad de la noche. Ahora su sonrisa era verdaderamente como la que la Gioconda posee, tal y como dicen, que se desconoce si esboza una mueca de felicidad o de tristeza. Dudaba: ¿Por qué sonreir tanto? Dudaba si se había quitado demasiado la venda, se estaba dando cuenta de más cosas de las que a lo mejor quería saber...
Aquel día, sí, se acuerda como si hubiese sido ayer.
Fue en ese momento en el que se dió cuenta, había empezado de nuevo a sonreír. Pero ahora sabe que nada es eterno, le dicen que su sonrisa se apaga de nuevo, que no sonríe como al principio, y él sabe muy bien por qué. Cuando el cansancio empieza a invadir su cuerpo, no llegan sus fuerzas para mantener constante un sonrisa dentro de un sinsentido, porque en un sinsentido una sonrisa no es tan importante.
Holaaa!!
ResponderEliminarComo estas???...
Bueno aca dejom mi huella, veo que escribies cuentos, algo parecido a lo que es mi blog. Espero que pases aunque sea a ver mi blog... Sería lindo que dejes tu huella por el mio!!! :D Muy linda entrada. BESOS!