No veo necesaria una descripción,
ya que cada uno da su propio sentido a las cosas, así pues que cada uno busque una descripción de este sin sentido en busca de un sentido. Aunque dicen que la mejor forma de encontrar es dejar de buscar.
Cuando uno empieza un juego, por muy cansado y repetitivo que parezca, tiene el deber de seguir jugando, la paciencia es la esencia de la partida, pero uno no puede quedarse parado en su turno o salir repentinamente del juego. Solo hay dos formas de librarse del juego, perdiendo o ganando la partida.
Juguemos a la ruleta rusa... el premio es el disparo en la cabeza, seré el ganador, a pesar de tener el mismo final que un perdedor.
Se levanta en una caja oscura atado fuertemente de pies y manos con el espacio justo para su delicado cuerpo, pensando que parece una de esas extrañas pesadillas que no sabes si son realidad o no... De esas en las que mágicamente van cambiando paulatinamente sin sentido las cosas como si en La Fundación, de Buero Vallejo, se encontrase. Ve como un atisbo de luz va creciendo lentamente y engulle alrededor la niebla oscura que bloquea su camino, pero ese atisbo se aprecia débil, aturdido, desorientado... Llegando un punto que escupe de nuevo toda la oscuridad tragada. Desconoce el motivo, desconoce qué es, el por qué, únicamente está seguro de que quiere seguir descubriéndolo. Necesita liberarse y ha empezado a hacerlo. El corazón latiendo más acelerado que nunca, es agobiante, se agita, pero la caja es demasiado pequeña para su delicado cuerpo... Sus muñecas y tobillos se resisten a ceder ante las fuertes ataduras, pero aunque duela necesita liberarse. Sabe que, aunque atado, su mente está clara y puede alcanzar el límite inexistente de cualquier abismo inmedible... Ni nada, ni nadie puede ser capaz de pasar por encima de sus pensamientos, ideas y principios... Un guerrero atado de pies y manos capaz de usar únicamente su inteligencia, y esque la mente, al fin y al cabo, es el arma más fuerte, pero solo para aquellos que son capaces de usarla, porque hay gente que ni siquera sabe que existe. Sabe que tiene su lecho en vida, lo que desconoce es cuándo descansará en paz.
Escribir, irse por las ramas y acabar con una historia totalmente diferente a lo que querias contar. No nos equivoquemos, los pensamientos, las ideas, las emociones son capaces de ser plasmadas en papel, aunque puede necesitar muchas palabras, mucho tiempo, mucha paciencia... Pero la paciencia y el tiempo son escasos cuando tratas de romper la caja oscura para quedar cegado por la luz.
Ese niño, ese niño tenía una sonrisa demasiado especial, de esas de las que sabes que tienen una historia que no quiere ser contada, quizás por miedo de que esa sonrisa mengüe poco a poco semejando una frágil y delicada servilleta de papel cuando arde. En su cara siempre llevaba dibujada esa sonrisa, más perfecta que la de la mismísima Gioconda de Da Vinci. Su sonrisa, su sonrisa no era una sonrisa, era LA sonrisa, algo inherente de esa cara marcada de inocencia infantil. Todos sabemos que las sonrisas no son parmanentes, pero aquella, aquella juro por lo que sea que lo era, aunque paradójicamente no fue para siempre así.
Uno no tiene la molestia de pararse a pensar en temas abstractos ni intenta ir más allá de la estupidez humana hasta que no está jodido de verdad, es en ese momento cuando eres capaz de quitarte la venda de los ojos y como si tu mente pudiese llegar a cualquier parte del mundo, del universo, del infinito te deshaces de esas cuatro paredes en las que acabamos encerrados siempre pegándonos cabezazos y eres capaz de poner todo en duda, ver más allá de cualquier horizonte y sacar conclusiones.
Empezó a olvidarse de sonreir, esa sonrisa invencible empezaba a parpadear como las luces del rótulo del típico hostal de carretera perdido en la oscuridad de la noche. Ahora su sonrisa era verdaderamente como la que la Gioconda posee, tal y como dicen, que se desconoce si esboza una mueca de felicidad o de tristeza. Dudaba: ¿Por qué sonreir tanto? Dudaba si se había quitado demasiado la venda, se estaba dando cuenta de más cosas de las que a lo mejor quería saber...
Aquel día, sí, se acuerda como si hubiese sido ayer. Fue en ese momento en el que se dió cuenta, había empezado de nuevo a sonreír. Pero ahora sabe que nada es eterno, le dicen que su sonrisa se apaga de nuevo, que no sonríe como al principio, y él sabe muy bien por qué. Cuando el cansancio empieza a invadir su cuerpo, no llegan sus fuerzas para mantener constante un sonrisa dentro de un sinsentido, porque en un sinsentido una sonrisa no es tan importante.
Está sonando de fondo Universos infinitos de Love of Lesbian, él, sumido en su maldito mundo sin color se sienta delante de su cuaderno de notas, ese que guarda como si en él estuviese escrito su pasado, presente y futuro, y de él dependiesen cada una de las ideas, pensamientos y recuerdos que no quiere perder nunca. Sin haber plasmado una sola idea en su cuaderno se percata de la canción que suena, y su cabeza empieza a viajar: Él se creía capaz de todo, él era capaz de jugarse su propia alma, saltó de un lado al otro en un solo día, porque estaba seguro, seguro de que aquel ángel le salvaría de aquella eterna espera que ya pasaba del mes. Y esque nunca antes había visto un ángel, pero estaba seguro de que no existía ningún otro como aquel.
Dejó de sonar la canción y como si estuviese guiado por un acto reflejo le dio de nuevo al play, le gustaba la sensación que lo estaba invadiendo, estaba allí sentado, pero simultáneamente cabalgaba entre sus malditos recuerdos, tantos que no era capaz de plasmarlos todos en papel. Había aguantado demasiadas tormentas, ahora era consciente de que su nivel de paciencia iba disminuyendo hasta alcanzar los datos del "Crack del 29", pero que no bastaba ni un día para que subiese como la espuma de nuevo... Su tolerancia era toleracia hasta cierto límite, llegaba un punto en el que lo inteligible dejaba de ser comprensible... Pero... Esque nada tiene sentido, se es capaz de sufrir días, meses, años por una simple hora de "felicidad". Solo ahora se daba cuenta de que una sonrisa en una cara no tiene por qué significar un corazón tranquilo.
Era ya la tercera vez que le daba al play. Él ya estaba tan cansado, cansado de guardarse todo aquello que quería dar porque sabía sería un arma de doble filo si la fuente de su corazón habría totalmente el grifo. No quería empeorar las cosas... Todo parecía ir tan bien en el mundo sin color teñido de colores, todo parecía irles tan bien ahora con esa sonrisa dibujada en ambas caras que prefería seguir con esa bomba interna que aun no sabía como desactivar, todavía dudaba qué cable debía cortar, todavía dudaba si la quería desactivar. Veía tan inapropiado dudar de las sonrisas que no quería ni pensar en el interior de las personas... Solo cada uno sabe lo que quiere y es consciente de lo que hace para conseguirlo, pero lo peor es tener delante de nuestras estúpidas caras lo que realmente queremos tener y dejarlo escapar dejándolo deslizar lentamente entre los dedos como si de simple arena se tratase, pues la conciencia es el mejor castigo o la mejor medicina dependiendo de si uno la tiene tranquila o no.