martes, 21 de junio de 2011

Viaje a un lecho de muerte en vida.


Se levanta en una caja oscura atado fuertemente de pies y manos con el espacio justo para su delicado cuerpo, pensando que parece una de esas extrañas pesadillas que no sabes si son realidad o no... De esas en las que mágicamente van cambiando paulatinamente sin sentido las cosas como si en La Fundación, de Buero Vallejo, se encontrase. Ve como un atisbo de luz va creciendo lentamente y engulle alrededor la niebla oscura que bloquea su camino, pero ese atisbo se aprecia débil, aturdido, desorientado... Llegando un punto que escupe de nuevo toda la oscuridad tragada. Desconoce el motivo, desconoce qué es, el por qué, únicamente está seguro de que quiere seguir descubriéndolo. Necesita liberarse y ha empezado a hacerlo.
El corazón latiendo más acelerado que nunca, es agobiante, se agita, pero la caja es demasiado pequeña para su delicado cuerpo... Sus muñecas y tobillos se resisten a ceder ante las fuertes ataduras, pero aunque duela necesita liberarse. Sabe que, aunque atado, su mente está clara y puede alcanzar el límite inexistente de cualquier abismo inmedible... Ni nada, ni nadie puede ser capaz de pasar por encima de sus pensamientos, ideas y principios... Un guerrero atado de pies y manos capaz de usar únicamente su inteligencia, y esque la mente, al fin y al cabo, es el arma más fuerte, pero solo para aquellos que son capaces de usarla, porque hay gente que ni siquera sabe que existe. 
Sabe que tiene su lecho en vida, lo que desconoce es cuándo descansará en paz.


Escribir, irse por las ramas y acabar con una historia totalmente diferente a lo que querias contar. No nos equivoquemos, los pensamientos, las ideas, las emociones son capaces de ser plasmadas en papel, aunque puede necesitar muchas palabras, mucho tiempo, mucha paciencia... Pero la paciencia y el tiempo son escasos cuando tratas de romper la caja oscura para quedar cegado por la luz.

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