martes, 7 de junio de 2011

Una canción, una caja de sin sentidos.

Está sonando de fondo Universos infinitos de Love of Lesbian, él, sumido en su maldito mundo sin color se sienta delante de su cuaderno de notas, ese que guarda como si en él estuviese escrito su pasado, presente y futuro, y de él dependiesen cada una de las ideas, pensamientos y recuerdos que no quiere perder nunca. Sin haber plasmado una sola idea en su cuaderno se percata de la canción que suena, y su cabeza empieza a viajar:
Él se creía capaz de todo, él era capaz de jugarse su propia alma, saltó de un lado al otro en un solo día, porque estaba seguro, seguro de que aquel ángel le salvaría de aquella eterna espera que ya pasaba del mes. Y esque nunca antes había visto un ángel, pero estaba seguro de que no existía ningún otro como aquel.

Dejó de sonar la canción y como si estuviese guiado por un acto reflejo le dio de nuevo al play, le gustaba la sensación que lo estaba invadiendo, estaba allí sentado, pero simultáneamente cabalgaba entre sus malditos recuerdos, tantos que no era capaz de plasmarlos todos en papel. Había aguantado demasiadas tormentas, ahora era consciente de que su nivel de paciencia  iba disminuyendo hasta alcanzar los datos del "Crack del 29", pero que no bastaba ni un día para que subiese como la espuma de nuevo... Su tolerancia era toleracia hasta cierto límite, llegaba un punto en el que lo inteligible dejaba de ser comprensible... Pero... Esque nada tiene sentido, se es capaz de sufrir días, meses, años por una simple hora de "felicidad". Solo ahora se daba cuenta de que una sonrisa en una cara no tiene por qué significar un corazón tranquilo.

Era ya la tercera vez que le daba al play. Él ya estaba tan cansado, cansado de guardarse todo aquello que quería dar porque sabía sería un arma de doble filo si la fuente de su corazón habría totalmente el grifo. No quería empeorar las cosas... Todo parecía ir tan bien en el mundo sin color teñido de colores, todo parecía irles tan bien ahora con esa sonrisa dibujada en ambas caras que prefería seguir con esa bomba interna que aun no sabía como desactivar, todavía dudaba qué cable debía cortar, todavía dudaba si la quería desactivar. 
Veía tan inapropiado dudar de las sonrisas que no quería ni pensar en el interior de las personas... Solo cada uno sabe lo que quiere y es consciente de lo que hace para conseguirlo, pero lo peor es tener delante de nuestras estúpidas caras lo que realmente queremos tener y dejarlo escapar dejándolo deslizar lentamente entre los dedos como si de simple arena se tratase, pues la conciencia es el mejor castigo o la mejor medicina dependiendo de si uno la tiene tranquila o no.

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