Cuando uno empieza un juego, por muy cansado y repetitivo que parezca, tiene el deber de seguir jugando, la paciencia es la esencia de la partida, pero uno no puede quedarse parado en su turno o salir repentinamente del juego. Solo hay dos formas de librarse del juego, perdiendo o ganando la partida. Juguemos a la ruleta rusa... el premio es el disparo en la cabeza, seré el ganador, a pesar de tener el mismo final que un perdedor.
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